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Ángel Álvarez presentó la segunda edición de sus obras sobre Manganesos Corral Quemado y Cerros de Tamaya

18 abril, 2018

El autor, de 81 años, basa estos trabajos en sus historias personales como minero en estos importantes yacimientos. A Tamaya ingresó a los 15 años y a Manganesos a los 21. En este lugar trabajó durante una década. Otras obras de su creación son “Historias y Memorias del Mundo Campesino y Minero del Norte Chico” e “Historias, Cuentos y Relatos de la Cultura Oral Tradicional del Norte Chico”.

 

Ángel Álvarez relanzó sus obras literarias “Memorias de un Minero Manganesino” y “Tamaya: Mineral Olvidado”, como previa a las celebraciones del Día Mundial del Libro, que tendrá lugar el próximo lunes 23 de abril. El evento se realizó en la Casa del Encuentro Ciudadano y es acompañado por una exhibición fotográfica formada por imágenes registradas por el propio Álvarez, quien compró una cámara mientras era dirigente sindical en Corral Quemado. Tras dejar de trabajar en la minería, se puso como meta difundir sus vivencias dentro uno de los yacimientos más importantes y recordados del Andacollo del Siglo XX. Primero empezó con un poema, que fue publicado en Santiago, para terminar escribiendo toda una bibliografía cuyo eje central es la vida rutinaria de los trabajadores agrícolas y mineros del Norte Chico. “Mi obra es mi vida: desde que empecé como campesino hasta cuando terminé como minero”, dice con orgullo.

Historias de Minero: Tradición Andacollina

Ángel Álvarez resumió que la trama de “Memorias de un Minero Manganesino” trata sobre la historia de este importante yacimiento, desde sus orígenes hasta su final, pasando por los acontecimientos más importantes que vivió como uno de sus trabajadores: “Según la historia, el mineral abrió en 1854 gracias a los estudios de Ignacio Domeyko, quien fue fundamental en el desarrollo de la minería en Chile. En esos tiempos, los minerales se llevaban en mulas hasta Recoleta y La Puntilla, donde eran embarcados en ferrocarril hasta Coquimbo. Posteriormente, la llegada de los primeros camiones alivió la labor de los animales, quienes debían recorrer una distancia de 50 kilómetros cargando el material. Yo trabajé 10 años en Corral Quemado: conozco su mineral, su gente, su historia. Tengo buenos recuerdos. Son historias que yo conocí, no son inventos míos”.

Otro título que fue parte del relanzamiento es “Tamaya: Mineral Olvidado”, donde también formó parte de la planta de trabajadores: “Yo nací en Tamaya, al pie del cerro. Mis abuelos y bisabuelos trabajaron en Tamaya, cuando estaba en su apogeo. Mi padre nació en 1984 y también fue minero ahí, dejando de lado su aspiración de ser profesor debido a las pocas vacantes existentes en la universidad. Yo también seguí su camino. Después de trabajar en el campo, a los 15 años me inicié en la minería laburando en Tamaya. Posteriormente, me fui a Corral Quemado”.

Sobre esta actividad, Felipe Vicencio, encargado de Cultura del Municipio, indicó que se enmarca en la espera de la celebración del Día Nacional del Libro y que será complementada con una importante exposición fotográfica, la cual durará 30 días: “Para este importante acontecimiento cultural, hemos reeditado dos destacadas obras que retratan la cultura minera de Andacollo, que es parte de la identidad comunal. A través de sus páginas, conoceremos la historia de alguien que vivió ahí, que fue testigo de acontecimientos tan importantes como la Huelga de Hambre de 1961. Estos relanzamientos son acompañados por una exposición cuyo registro fue hecho por el mismo autor. Estas imágenes, que son parte de la tradición andacollina”.

Pies Cansados

Una de las historias que más recuerda Ángel Álvarez, en su paso como minero manganesino, es su participación en la llamada Huelga de Hambre de 1961, en uno de los seis años en que fue dirigente sindical: “La paralización duró tres meses. Niños, mujeres y adultos marchamos hasta La Serena, con el objetivo de reunirnos con el Intendente para que mediara entre nosotros y los patrones, en miras a lograr mejores condiciones salariales. Esta autoridad se comprometió a traer al Ministro del Trabajo para que nos diera solución, pero, lamentablemente, lo único que propuso es que el petitorio debía pasarse a los Tribunales Tripartitos. En que llegara la resolución, nos pusieron vehículos para volver al trabajo. Recién en agosto se supo la resolución, donde se estipuló que no nos darían nada. Aunque no logramos nuestro objetivo, lo que hicimos fue emocionante para nosotros: mucha gente conoció el mar. Caminamos más de 80 kilómetros hasta La Serena y aún estamos agradecimos del comportamiento que tuvieron con nosotros: nos dieron almuerzo en una escuela de Cerrillos con Regimiento Arica, en Tierras Blancas nos recibió la Banda Municipal de Coquimbo, la gente nos apoyaba moviendo sus pañuelos o marchando junto con nosotros. Eso no lo olvidaré nunca”.

 

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