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Palabras del rector del Santuario de Andacollo por apertura del Templo Chico

3 octubre, 2016
Estimadas Autoridades regionales, comunales, eclesiásticas; Sres. Cacique II y Jefes de Bailes Religiosos; Instituciones sociales y de Seguridad; andacollinos, peregrinos y devotos de la Virgen de Andacollo; hermanos y hermanas…
Hoy es gran día para todos nosotros. Después de dos años de trabajos de restauración nuestro Templo Parroquial será reabierto, lo cual es motivo de enorme alegría para todos, tanto para los andacollinos que hemos visto cada día los avances, cuanto para peregrinos y devotos de la Virgen de Andacollo que lo visitan cada año. Ha sido una iniciativa comunal llevada a cabo con recursos del Fondo Nacional para el Desarrollo Regional, y que hoy día agradecemos por el hondo significado que tiene:
1. Un templo con una larga historia. La construcción de este Templo que hoy vemos renovado se inició en 1772, pero es el heredero de otros templos anteriores, el primero de los cuales no era más que una pequeña capilla de barro con techo de totora y que ya albergaba una imagen de la Virgen María. Estamos por los años 1580 de cuando data la “Doctrina de Indios de Andacollo” y las primeras manifestaciones de piedad mariana que, después de una larga evolución cultural y religiosa, desembocarán en los Bailes Religiosos que conocemos hoy, con su padre y generador de los demás, el Baile Barrera. Por eso estamos felices, porque la piedad popular en Andacollo ha acompañado la historia del país con sus altibajos y este templo representa el testimonio secular de adhesión a Jesucristo y de cariño a su Madre, María Santísima.
2. Un santuario, taller de espiritualidad y compromiso. Sabemos que un Santuario es un lugar -con frecuencia sobre una montaña- desde donde Dios, que está en todas partes, reparte sus bendiciones de una forma extraordinaria; Dios se hace cercano y disponible; se hace corazón abierto y oídos atentos a las plegarias de sus hijos. Muchas veces lo hace por mediación de sus santos, en este caso a través de la Virgen María. Un santuario –debemos recordarlo- no es lugar de evasión, no es una droga para olvidar los problemas o fracasos de la vida. El santuario es el lugar en que el creyente lee su vida a los ojos de Dios, entiende su vocación de constructor de un mundo más justo y solidario. De esa manera coopera con el proyecto de Dios de “hacer nuevas todas las cosas”. El santuario es el lugar donde el creyente se renueva constantemente en su vocación cristiana y en su compromiso como ciudadano, porque al cristiano nada le es ajeno, y su misión es ser sal de la tierra y levadura en la masa en todas las diversas y cambiantes situaciones del mundo moderno. Por eso, tenemos esta satisfacción: el santuario de Andacollo con su imagen venerada y sus templos son la garantía de un futuro promisorio: es taller de humanismo y solidaridad, es escuela de conciencia social y compromiso  por la vida plena, porque en el centro de todo está Jesucristo, el que siendo Dios vino a compartir nuestra lucha por el bien y la verdad, y está María de Andacollo, la servidora sencilla y disponible al querer de Dios.
3. “Me llamarán Bienaventurada”. Hay una palabra profética de María en el evangelio de Lucas: “Todas la generaciones me llamarán bienaventurada”. Andacollo por más de cuatro siglos ha cumplido esta profecía poniendo a María en su corazón, llamándola con cariño “la Chinita” de Andacollo, la Madre y Maestra del Pueblo. Por más de cuatro siglos María, desde esta montaña nos ha indicado el centro de nuestra fe: Jesucristo, y nos repite: “Hagan lo que él les diga”. Por eso estamos felices: nuestra piedad popular se asienta en el evangelio y se hace estímulo para hacer del país una gran nación de hermanos donde todos tengan derecho al pan y a la alegría.
Gracias a todos, y ¡larga vida al Santuario de Andacollo!
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