Con una serie de hitos religiosos y simbólicos, la comunidad andacollina conmemoró los 350 años de la llegada de la actual imagen de la Virgen del Rosario de Andacollo, en una celebración que reunió a peregrinos, bailes religiosos, comunidades cristianas y distintas expresiones de fe en torno al Santuario.
Bajo el lema “Reina de la montaña, Madre de Cristo, Virgen de Andacollo, luz de todos los caminos”, Andacollo vivió este año una Fiesta Chica con una connotación especial: la conmemoración de los 350 años de la llegada de la actual imagen de la Virgen del Rosario de Andacollo a la comuna, una tradición religiosa que forma parte de la identidad del territorio y que cada año convoca a miles de fieles y peregrinos.
La celebración no solo estuvo marcada por las ceremonias religiosas, sino también por un proceso de preparación que involucró activamente a la comunidad. Movimientos pastorales, comunidades cristianas, establecimientos educacionales y distintos grupos participaron en las actividades previas, sumándose con cantos, registros audiovisuales y diversas iniciativas que permitieron preparar el corazón de Andacollo para esta fecha tan significativa.
Uno de los elementos que marcó los días previos fue la instalación de un rosario luminoso entre las torres del Templo Chico, mientras que en el frontis de la Basílica se dispusieron banderines representativos de los distintos bailes religiosos, dando al entorno un especial sentido festivo y de identidad, en una conmemoración que puso en valor la profunda relación entre la Virgen, los bailes y la comunidad andacollina.
A ello se sumó la instalación de una gran corona en el acceso de la Basílica, elemento que simboliza otro importante aniversario que vivirá el Santuario durante diciembre: los 125 años de la coronación de la Virgen de Andacollo.
La historia de la actual imagen de la Virgen del Rosario de Andacollo se remonta al siglo XVII. El sacerdote Bernardino Álvarez del Tobar, quien había llegado a Andacollo en 1668, encontró una antigua capilla en ruinas y sin una imagen mariana en su interior.
En aquel entonces, los habitantes del lugar ya hablaban de una antigua imagen de la Virgen que, según la tradición, había sido encontrada por un indígena y posteriormente se había extraviado. De aquella primera imagen no quedaron vestigios, pero sí permanecía la antigua capilla, cuya construcción se remontaba a 1580, además de una tradición de bailes religiosos que ya formaban parte de la expresión de fe local.
Ante esta realidad, el sacerdote impulsó la llegada de una nueva imagen. Para ello reunió 24 pesos de la época y encargó su elaboración en Lima. La imagen fue tallada en 1672 y finalmente llegó a Andacollo en 1676, siendo bendecida bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo el primer domingo de octubre de ese año.
Desde entonces, la comunidad ha mantenido viva esta tradición, generación tras generación, convirtiendo la celebración de la Virgen en una de las expresiones religiosas y culturales más importantes de la comuna.
Detrás de cada ceremonia y cada expresión de fe hubo meses de preparación y coordinación. En este proceso tuvo un papel fundamental el Santuario de Andacollo y la comunidad claretiana, encabezada por su rector, el padre Fernando Vega, junto al padre Pedro Rojas, quienes impulsaron y motivaron la participación de las distintas comunidades y movimientos pastorales.
La preparación buscó precisamente que esta fuera una celebración vivida no solo como espectadores, sino como una comunidad que se reúne en torno a su patrona.
Durante este período también se desarrollaron distintas expresiones artísticas y religiosas, entre ellas una cantata a cargo del Grupo Cielo Orígenes, además de la participación de comunidades, colegios y movimientos que se sumaron a las actividades bajo el lema que acompañó este año las celebraciones religiosas.
La propia comunidad Diaguita también tuvo una participación cargada de simbolismo. Durante la festividad se incorporó una vincha en los pies de la Virgen, ubicada sobre su anda, como una representación de la unión y encuentro con los pueblos ancestrales, integrando distintas dimensiones de la historia y la identidad del territorio a esta celebración de fe.
Otro momento especialmente significativo fue la presencia de Monseñor Kurian Mathew Vayalunkal, Nuncio Apostólico, quien participó de las celebraciones y transmitió el mensaje del Santo Padre, dando a esta conmemoración un carácter especial y reforzando la importancia que la festividad tiene para los fieles que llegan hasta Andacollo.
Así, la Fiesta Chica 2026 reunió a peregrinos, devotos, bailes religiosos, comunidades cristianas, sacerdotes, familias y habitantes de la comuna, todos convocados por una misma tradición que se ha mantenido durante tres siglos y medio.
Junto al trabajo pastoral y religioso, la celebración requirió también una importante coordinación en materia logística. Desde la Municipalidad de Andacollo se informó que el despliegue dispuesto para la festividad contempló distintas áreas destinadas a apoyar el desarrollo de las actividades y la llegada de peregrinos y visitantes a la comuna.
De acuerdo con el balance entregado por el municipio, este trabajo permitió desarrollar de manera favorable el operativo dispuesto para acompañar la festividad, con equipos municipales y servicios vinculados a las distintas labores necesarias durante estos días de alta afluencia.
De esta manera, la celebración contó con dos dimensiones que se complementaron: por una parte, el trabajo espiritual y pastoral impulsado por el Santuario junto a las comunidades; y por otra, la coordinación logística necesaria para recibir a quienes llegaron hasta Andacollo para participar de esta histórica conmemoración.
Más allá de la dimensión organizativa, la celebración de estos 350 años dejó nuevamente en evidencia que la Fiesta de Andacollo se construye desde la participación de muchas personas. Desde quienes preparan las ceremonias y acompañan pastoralmente a las comunidades, hasta los bailes religiosos, voluntarios, familias, peregrinos y vecinos que mantienen viva esta tradición.
Porque en Andacollo la fiesta no comienza solamente cuando llegan los peregrinos. Comienza mucho antes, en las comunidades que se preparan, en quienes ensayan, rezan, cantan, organizan y trabajan para recibir a quienes vienen a encontrarse con la Virgen.
A 350 años de la llegada de su actual imagen, la devoción continúa reuniendo a generaciones en torno a una historia que forma parte inseparable de la identidad de Andacollo: una tradición de fe que se sostiene, año tras año, gracias a una comunidad que la mantiene viva.