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XII Cantar Vecinal, más que un festival, un modelo de intervención comunitaria

11 diciembre, 2025

Para los Andacollinos, es una forma de vida compartida, un lugar desde donde la comunidad se mira a sí misma y reconoce en el otro, una continuidad afectiva y territorial. Dentro de ese entramado, el Cantar Vecinal; el Festival de los Barrios se ha consolidado como una de las expresiones más poderosas de la identidad local que, en enero de 2026, celebrará su duodécima versión, un hito que no solo habla de permanencia, sino que también de una forma de entender el vínculo entre arte, ciudadanía, dirigentes vecinales y territorio.

El Cantar Vecinal nació como una iniciativa en cuyo origen ya se intuía su relevancia: ofrecer un espacio de celebración de la identidad local donde cada junta de vecinos pudiera buscar a sus representantes para compartir su talento.

Con el paso de los años, esa idea se expandió hasta convertirse en algo mucho mayor.

Hoy, lo que ocurre sobre el escenario no puede explicarse como una simple celebración. Lo que vemos es el florecimiento de un proceso colectivo, un acto simbólico y profundamente significativo.

La presidenta de la Agrupación Artístico-Cultural El Maray y directora de la Escuela de Talentos Andacollinos, Andrea Campusano González, lo resume con claridad: “Siempre decimos que el Cantar Vecinal es un festival, porque así es como se presenta ante el público. Pero para nosotros, en lo profundo, es una herramienta de construcción comunitaria. Un modelo de intervención donde el arte nos permite volver a encontrarnos como vecinos, dignificarnos unos a otros y fortalecer nuestra identidad local.”

Esa afirmación no es retórica. En la Agrupación el Maray y sus distintas iniciativas existe la convicción de que la cultura es un derecho y que su ejercicio debe volverse un espacio seguro, inclusivo y transformador. El festival de los barrios, encarna esta visión porque articula elementos que, separados, serían insuficientes: formación, participación, protagonismo comunitario, memoria, celebración, colaboración institucional y privada, una apuesta clara por la dignidad de quienes se suben al escenario.

No Competimos, Compartimos

A diferencia de otros eventos donde el centro de la atención está en artistas consagrados que llegan desde fuera, en el Cantar Vecinal la lógica es inversa: la comunidad, los vecinos y sus organizaciones, son el centro. Cada barrio propone a su representante y lo acompaña en el proceso, transformando la preparación en un acto colectivo.

Los ensayos, realizados en la Escuela de Talentos, generan la posibilidad del encuentro de vecinos que quizás nunca hayan compartido, en un ambiente de camaradería y con un mismo objetivo. En ese tránsito aparece algo esencial: la confianza comunitaria.

Andrea Campusano profundiza en este punto: “A quienes participan les decimos siempre que lo importante no es cómo canten, sino que se atrevan. Cuando alguien sube al escenario frente a tanto público, lo que recibe no es un juicio: es reconocimiento. Ese reconocimiento es, para nosotros, un acto de dignidad. La gente celebra a sus vecinos no por su perfección técnica, sino porque se ven representados en ellos.”

En una comuna donde las historias barriales son intensas y donde las identidades locales se mezclan con tradiciones ancestrales, ese acto de representación tiene un peso profundo. El público no solo escucha: se ve a sí mismo en los intérpretes, revive memorias, reconoce vecindarios, se alegra por el logro del otro, como si fuera propio. Es una forma simple, pero poderosa, de afirmar que la cultura une, cohesiona y fortalece los territorios.

Una tradición que une a un pueblo

Doce años no son solo una cifra; representan una generación completa de vecinos que han visto crecer el festival de los barrios, hasta convertirlo en tradición. Para muchos, el Cantar Vecinal marca un ritmo emocional del año: es el momento en que la comunidad se prepara para mirar lo que ha construido y lo que quiere seguir proyectando.

La directora de El Maray lo expresa así: “El Cantar Vecinal ya no es un evento más. Está en la memoria emocional de la comuna. Es algo que esperamos porque sabemos que ahí Andacollo se mostrará tal como es: diverso, alegre, solidario y orgulloso de su gente. Una instancia que demuestra que, en tiempos de apatía, aún pueden surgir iniciativas maravillosas como esta”

El festival, además, dialoga con la propia misión de la Agrupación El Maray y de la Escuela de Talentos Andacollinos y la Unión Comunal de la Cultura que desde 2014 trabajan para democratizar el acceso a la cultura y fortalecer el tejido comunitario. Si la escuela opera a través de la formación artística gratuita, el Cantar Vecinal actúa desde la celebración, desde la fiesta que invita a reconocernos como parte de un mismo territorio.

Creer en la cultura como herramienta de cohesión social

La existencia y proyección del Cantar Vecinal no serían posibles sin el compromiso de diversas entidades que comprenden la importancia de este modelo. El festival cuenta con el apoyo de la Unión Comunal de la Cultura de Andacollo, la Unión de Juntas de Vecinos, la Ilustre Municipalidad de Andacollo, Contratistas, la Mesa CAT y de la minera Teck Carmen a través de la Ley de Donaciones Culturales. Esta articulación y convergencia, ha permitido no solo la sostenibilidad del evento, sino consolidarlo y profesionalizarlo, y asegurar que su impacto llegue cada año a más personas.

En este contexto el liderazgo positivo de la Agrupación El Maray ha sido clave, logrando conducir hacia un mismo objetivo a distintos actores con tradiciones e historias diversas, enfatizando que lo que los une es mucho más de lo que los separa.

 
En este contexto Andrea Campusano destaca que “Sería injusto comparar esta iniciativa con otros festivales equivalentes, pues nuestra agrupación cuenta más con una década de trabajo continuado con la comunidad de la que es parte, experiencia que se pone al servicio del Cantar Vecinal, lo que se ve reflejado en un trabajo coordinado que comienza varios meses antes del evento principal y donde el liderazgo positivo, proactivo y respetuoso de todos los actores se transforma en una pieza clave”.

Más que un festival

Podría pensarse que todo festival comunitario tiene un componente social, pero en el caso del Cantar Vecinal la intervención no es accidental: es intencionada, coherente y sostenida. No se trata únicamente de cantar; se trata de reconstruir y reafirmar vínculos, de generar espacios de reconocimiento, de dignificar la participación ciudadana y de instalar la cultura en el corazón de la vida cotidiana.

Quizás por eso, al describirlo, Andrea Campusano vuelve siempre a la misma idea:
 “Para nosotros, el Cantar Vecinal es más que un festival. Es un modelo de intervención comunitaria que demuestra que cuando la cultura se trabaja con cariño, con respeto y con visión de futuro, puede convertirse en un verdadero motor de transformación social.”

Y en Andacollo, esa transformación se siente. Cada enero, cuando las voces de los barrios se elevan sobre el escenario, lo que canta no es solo la persona que lleva el micrófono; lo que canta es un pueblo entero, celebrando su diversidad, su historia y sus sueños compartidos.

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